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Casas de Sebastián Peréz



·Situación y Población.
·Lugares con encanto.
        Iglesia Parroquial.
        Cruces de Piedra.
        El Pilón.
        Las Pozas.
        Antiguo Potro.
        Las Escuelas.








Situación y Población.

Provincia de Ávila, cara Norte de la sierra de Gredos, en pleno corazón del antiguo Señorío de Valdecorneja. Allí, apenas a dos kilómetros de la villa de Piedrahita, no siendo en realidad, sino un apéndice de esta, se enclava Casas de Sebastián Pérez - en todo el valle se le conoce como “La Casa”-, pequeño asentamiento humano, que en su mejores tiempos llegó a contar con cerca de 400 habitantes, pero que, al igual que en la mayoría de las pequeñas poblaciones castellanas, la sangría poblacional iniciada en los años 60, y que aún perdura, ha dejado reducidos a los no mas de 70/80 actuales.

Plano de situación de
Casas de Sebastián Pérez


La forma de vida de sus habitantes, se basó tradicionalmente en la agricultura de secano y la explotación familiar de pequeñas fincas de regadío situadas en la cercana ribera del río Corneja. Allá por lo años 70, tuvo gran auge la producción de leche, y prácticamente cada familia contaba con su pequeña, o no tan pequeña, cabaña lechera. En la actualidad, estas explotaciones han desparecido casi en su totalidad reconvirtiéndose, algunas de ellas, en cebaderos de engorde de vacuno.

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Lugares con encanto.
Iglesia Parroquial.
En este recorrido por los lugares singulares del pueblo, creemos que es de justicia que nuestra Iglesia ocupe un lugar de honor ya que a lo largo de la historia ha sido uno de los pocos espacios compartidos en el pueblo.
Está consagrada a San Sebastián , como no podía ser de otra manera celebrándose su festividad el día 20 de Enero. Data la Iglesia del sigo XVII.
Su cabecera está orientada hacia el Este, con puerta de entrada al Sur ó Mediodía y la torre-campanario, situada al pie, mira hacía el Oeste.
La construcción, de mampostería reforzada con sillares, es de planta rectangular en el exterior pero se adapta interiormente hasta conseguir la planta en forma de cruz para la parte dedicada al culto.
El retablo mayor situado en la cabecera es barroco. Se trata de un conjunto de hojarasca con grandes cogollos y volutas tallado en madera. En su centro, entre columnas Salomónicas se encuentra la Hornacina.
En cada una de las alas de la cruz interior se disponen sendas capillas, en honor de la Virgen la orientada al Sur y a San José la orientada al Norte. Desde esta última, se disponen las entradas hacia la Sacristía y el Baptisterio.
El Coro, situado en el pie de la cruz, no merece mención especial. Hoy se encuentra cerrado a causa de su deficiente estado.
El artesonado de la cubierta es mudéjar y tal vez sea uno de los elementos mas valiosos y mejor conservados.

La imaginería que se conserva en el interior de la Iglesia no es de gran valor. Destaca la cruz procesional, que tras muchos avatares y su paso por el museo Catedralicio de Ávila, finalmente ha pasado a formar parte del museo Sacro de Piedrahita y vuelve al pueblo para presidir procesiones singulares. Esta hecha de plata íntegramente y dispone de dos brazos abalaustrados rodeados de crestería con nudo arquitectónico y columnillas en las esquinas.


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Nuestras Cruces de Piedra.
La Cruz de la Iglesia.
Originalmente estaba situaba frente al pórtico de entrada de la Iglesia, y presumiblemente data de la misma época que esta. Reproducimos una imagen de su pedestal resaltando la fecha que aparece grabada en el. Recientemente, con el fin de dar amplitud a la calle, está cruz fue trasladada al rincón del cabecero de la Iglesia conocido tradicionalmente como “la cocinilla”.


Cruz de piedra situada junto a la Iglesia y detalle de la fecha que aparece grabada en su pedestal.



Cruz de la Entrada al pueblo.
Esta cruz es algo posterior a la de la Iglesia.
El grabado de su pedestal parece indicar que es de 1709. Su ubicación puede responder a la costumbre generalizada en la época de situar cruces en las encrucijadas de los caminos y entradas de las poblaciones, llamadas humilladeros, ante las cuales se detenían a orar los caminantes.


Cruz de piedra situada a la entrada del pueblo y detalle de la fecha que aparece grabada en su pedestal.
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El Pilón.
Ya lo hemos referido en sus orígenes como abrevadero de la Mesta. Su construcción actual, es posterior a esta época, tal vez de finales del siglo XIX. Construido íntegramente en piedra granitica, consta de dos partes bien diferenciadas, la fuente y la pila.
La fuente, se sustenta sobre un pilar vertical sobre el que descansa el vaso receptor del agua, proveniente del cercano “Cerro de la Cruz”.
Este vaso, en forma de casquete esférico, dispone de cuatro caños, orientados hacia los cuatro puntos cardinales que, en sus mejores primaveras, no eran suficientes para expulsar todo el agua recibida de los manantiales naturales del cerro.
Hoy día, la mayor parte de estos manantiales se han perdido, y en los veranos mas secos, resulta doloroso contemplar el tímido hilo de agua, como exhalando un último suspiro, que el pilón nos ofrece. Se remata la fuente con una tapa, igualmente en forma de casquete esférico con un pináculo labrado sobre la misma pieza.
La pila es octogonal, cada una de sus lados es una pieza entera, uniéndose entre si con abrazaderas de hierro soldadas a la piedra mediante plomo. Los vértices del octógono, se rematan con pilares verticales.
En el interior de la pila, existían originalmente cuatro pilares de granito, en forma de prismas cuadrangulares, situados en cada una de las caídas de agua de los caños.
Eran muy prácticos para sustentar los cantaros en los que se llevaba el agua, mientras se llenaban.
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Las Pozas o Lavaderos.
Juntamente con el pilón, son n ejemplo de aprovechamiento integral del agua.
El agua, que aún hoy día algo les llega, provenía de los sobrantes del pilón y en su ultimo servicio se dedicaban al riego de los huertos próximos al pueblo.
El conjunto, lo forman tres pilas separadas entre si y comunicadas por la parte superior, de forma que el agua va rebosando desde la primera hasta la última hasta que se llenan las tres por ese orden.
Diariamente, durante la noche, se renovaba el agua por los rebosaderos. Cada una de ellas tenia su función, utilizándose la tercera para “esmerdar” por ser, lógicamente, en la que el agua estaba mas sucia. .
En la segunda se “enjabonaba” y se “restregaba” la ropa y, finalmente, en la primera se “aclaraba”.
Las pozas se constituyeron como el mentidero oficial del pueblo durante muchos años.
Podríamos decir que la historia del pueblo en sus últimos 200 años, está recogida en el muro y en las piedras de restregar la ropa de las pozas.
¡Que pena que las piedras no tengan el don de la palabra para poder oír de ellas todas las historias de las cuales han sido mudos testigos!.
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Nostalgia de nuestro Chopo y nuestro potro.
Hubo antiguamente un chopo, plantado delante de las escuelas, que durante muchos años fue algo así como la seña de identidad y referencia espiritual del pueblo.
Su porte era majestuoso, con una copa inmensa cuya sombra cobijaba ampliamente a los mas de sesenta “muchachos” y “muchachas” durante nuestros recreos escolares. Su sombra fue durante años parque infantil, campo de fútbol y quien sabe cuantas cosas mas....
En la primavera, durante unos días, cubría con su algodón toda la plaza, recordándonos que rezumaba salud y vida por todas y cada una de sus miles de hojas. Hojas que en el otoño, se teñían de diferentes tonalidades hasta caer victimas del agua y del viento, pero el vigoroso tronco de nuestro amigo no dejaba duda alguna de que en la primavera siguiente volvería a ser el de siempre.
En las noches de verano, se convertía en el lugar de reunión y tertulia, y sus raíces, aflorando desde el suelo alrededor del tronco, transformadas en incómodos asientos, fueron cómplices de las primeras miradas tiernas de nuestra adolescencia. Algún iluminado, hacia 1980, lo podó con tal sabiduría, que el pobre chopo no pudo soportar tal desmochamiento y sucumbió.
Su cadáver, en forma de tronco, para escarnio de todos, ha permanecido durante años tirado junto al lugar del crimen. Después, han plantado una acacia en el mismo lugar, pero, todos los que bajo su copa hemos vivido los sentimiento mas dispares, desde la primera lagrima en el primer día de escuela, hasta el primer beso casi robado con ocasión de algún juego, sentimos, cuando ahora miramos hacia ese punto, que nos falta algo. Desde aquí nuestro mas sincero homenaje para el chopo y nuestro deseo de que la acacia actual, pueda un día ocupar su lugar y cumplir su función para los chavales actuales.
¿Pero que decimos?, si ya no hay chavales en el pueblo. Tal vez nuestro viejo chopo se percató un día de que su función había finalizado, de que se habían cerrado las escuelas y ya no había “muchachos” correteando bajo su sombra en los recreos, de que los adolescentes veraniegos, criados ya en la ciudad, no conocían su magia y buscaban otros lugares del pueblo para sus reuniones en las noches de verano.
Tal vez por todo ello, el viejo chopo, decidió que la vida en soledad no vale la pena ser vivida y se fue del pueblo cuando nos fuimos sus amigos de siempre, los que le entendíamos y compartíamos con el nuestros sentimientos mas hondos y también nuestros fríos invernales y nuestros calores del estío.
Junto al chopo estaba situado el potro, construcción dedicada exclusivamente al herrado de las vacas que se dedicaban a las labores agrícolas. Los días en que venía el herrador, normalmente una día por semana, era también lugar de reunión y cotilleo, pero reservado al género masculino.
Cuando el potro dejó de prestar sus servicios, porque los tractores sustituyeron a los animales de tiro, buscando una utilidad inmediata, alguien pensó que los cuatro pilares de granito que soportaban la estructura, harían mejor apaño tumbados como banco-asiento y en esta posición están hoy día, alrededor de la acacia. Devolver la vida al chopo es imposible pero el potro....
Al fin y al cabo también formó parte de nuestra vida, de nuestra cultura y en definitiva de nuestros orígenes, ¿porque no reconstruirlo?.
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Las escuelas y la casa del maestro.
Situadas en el centro neurálgico del pueblo, junto al pilón y el lavadero, por ellas hemos pasado varias generaciones y de una forma u otra, allí se sembró lo que hoy día podemos ser ó dejar de ser muchos de nosotros.
Eran dos escuelas diferenciadas, una para las chicas y otra para los chicos con maestra y maestro respectivamente, que no eran épocas de mezcolanzas ....
Funcionaron desde principios del siglo XX, hacia el año 1.900, hasta que la escasa natalidad en el pueblo forzó el hecho de enviar a los niños en edad escolar a la vecina Piedrahita. Esto sucedía hacia el año 1.975.
Pasaron las escuelas a convertirse en una especie de lugar de reunión para la gente joven, donde algunas veces hubo un pequeño bar. Aneja a las escuelas, estaba la casa del maestro, que durante años fue utilizada por el que fue maestro en La Almohalla, D. Manuel Nistal.
Actualmente se le da utilidad como consultorio medico y en la parte alta tiene su sede nuestra asociación. Al hablar de las escuelas del pueblo no debemos dejar pasar por alto a los maestros que por ellas pasaron.
Es presumible que cada generación, tendrá su recuerdo particular de los que ejercieran esta labor en sus años infantiles pero seguro que todos y cada uno de ellos, buenos y mejores, han dejado su impronta en alguno de nosotros. Desde aquí nuestro pequeño homenaje y agradecimiento para todos ellos.

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